La banda sonora

Soy muy peliculera. No me importa admitirlo. Pero no me digas que esa entrada mafiosa en mitad del espectáculo para ponernos las sillas justo al lado de la banda, no es digna de Uno de los Nuestros. Vengo de parte de Lanzarote 3. No hay como tener conexiones.

La cerveza del pianista

El sitio y el ambiente esa noche te transportan. Subes en el ascensor y apareces en medio de un país indeterminado, de una época también difusa. Perfecto para una amante del cine antiguo. Si cierras los ojos eres capaz de imaginar que Frank Sinatra está allí, tan buena es la voz del cantante.

No me digas que no es un plan perfecto. Un viaje a una de esas películas en las que los hombres siempre llevaban sombrero y las mujeres miraban desde detrás de cortinas de humo. El último sábado de cada mes. En el Gran Hotel de Arrecife. Silba si te pierdes. Es fácil, sólo tienes que juntar los labios y soplar…o al menos eso decía Lauren Bacall.

Una calle con nombre que alimenta

Calle Sancocho

Imagina que la vida de cada persona fuera un país. Mientras la estás conociendo te da permiso para cruzar sus fronteras. Y dependiendo de lo abierto o cerrado que sea su gobierno, te dará mayor o menor acceso a sus calles, a sus tradiciones.

Vas recorriendo sus caminos. Tomas mil fotos mentales. Dejas alguna huella. Y un día te vas. Por lo que sea. Dejas atrás ese pedazo de tierra. Te llevas tus rutas y tus recuerdos. Te llevas algo más que un conocimiento geográfico. Una carta de navegación que jamás será enviada. El mapa de otro ser humano.

Cuando te vayas de mi isla, con el tiempo, te quedará una imagen nublada de cruce de caminos. Una colina aquí, una sonrisa allá. Quizá recuerdes el nombre de una calle curiosa. Quizá, incluso, me recuerdes a mí.

La corona al pueblo más Yeye

El pueblo que porta con honor la corona al más YeYe…no…recalculando la ruta, que diría el GPS.
Ye es el nombre de la población que se cobija en las faldas del Volcán de La Corona.

Que nadie dijo que fuera fácil ir por el mundo coronado, incluso pareciendo tan humilde.

Llueve cuatro días, una media de tres gotas, suficiente para encontrar campos silvestres aquí y allá, sin más plan que los que el azar (ese zar sin corona) quiera diseñar.

La corona al pueblo más Yeye

Los lugareños, repetirán, siempre con la misma emoción de la primera vez: “Es que esta tierra es taaaan agradecida”… Y claro, asientes, si es la verdad.

Campo de margaritas

Un campo de margaritas es más elusivo que encontrar la isla de San Borondón en mitad del océano. Y habrá quien tenga mapas de cómo llegar a ella. Mientras, fratempo, como dicen los italianos, nos hacemos amigos de los segundos, que un campo de margaritas no dura toda la vida, así que da las gracias y lánzate al momento.

Suspiros de un lunes cualquiera por Femés

En una línea de metro, en Nueva York, el artista Norman B. Colp escribió un poema llamado “El lamento del que se desplaza para trabajar o un afeitado demasiado apurado”. Dice así:

Overslept./ So tired./ If late,/ Get fired./ Why bother?/ Why the pain?/ Just go home./ Do it again.
Te has dormido./Estabas muy cansado./ Si llegas tarde,/ te despedirán./¿Para qué inquietarte?/ ¿Para qué sufrir?/ Vuelve a casa./Empieza de nuevo.

Yo, que para llegar al trabajo, también me debo desplazar, mi (casi) domesticada claustrofobia y yo, agradecemos el no tener que hacerlo por túneles. Y, a pesar de las prisas, la mayoría de las veces me emociono con los amaneceres que la isla nos proyecta en sus pantallas habituales.

De paso por Femés. Unos adolescentes descamisados, a esas horas, con ese sereno. Juventud Divino Tesoro… Recuerdo todos los madrugones que me pegaba en la adolescencia por aquello de tener un instituto en distinto pueblo. Casi iguales que los que ahora me tocan desde “este ahora sin edad”, que dice la canción…

Y al final, los caminos son los mismos, por más que hayan cambiado. De la misma forma que tú eres a veces igual que aquella que llenaba de corazones las carpetas. Lo esencial no cambia, lo que cambia es la manera de mirar. Si te paras un segundo. Si te das permiso.

Amanecer en Femés

La prima Vera y el santo Color

La isla es un laberinto. Cada pared tiene una puerta que a su vez se abre o se cierra en otro cruce de caminos. Cuando las puertas se entreabren puedes atisbar algo de lo que se oculta en su interior. A veces te miran directamente a los ojos con su llave echada.

La comunidad india de la isla lleva asentada desde hace años. Vive su realidad paralela. A veces ves retazos de su existencia, como sucede en el Festival de los Colores. La elección este Santo Domingo residía entre honrar a un señor torturado o llenarte el pelo de colores. Yo aún, el día después, me encuentro pintadas hasta en el cielo de la boca.

La llegada de la prima Vera

Bollywood por un día en Puerto del Carmen. Qué mejor forma de celebrar la llegada de la prima Vera.

Mararía en Femés

Esa clase de belleza que ellos codician y ellas envidian. Una maldición.

Personaje literario creado por Rafael Arozarena. Con una (muy dudosa) adaptación cinematográfica. La encarnación de los deseos subterráneos. De los conflictos en las comunidades pequeñas. Del miedo a lo desconocido. A lo que destaca demasiado.

Femés

* Femés, by MMarcos.

De la soledad del diferente. De la contradicción eterna: querer poner rumbo sin mirar atrás y, a la vez, querer quemar las naves para quedarse.

Mararía. El espejo de los anhelos de los otros. Acabó sola y consumida como una roca volcánica. Lanzarote. A lo mejor, la próxima vez que pases por Femés, te la imagines recorriendo sus calles. Un corazón ardiente envuelto en una capa de negro misterio.

Mararía

* La autora en la calle Mararía, by MMarcos.

Nombrando Haría

Nómbrame. Que lo que no tiene nombre le falta alma. A las ideas que sobrevuelan, para anclarlas, darles forma, necesitas darles un nombre. Haría es siempre una buena idea. Sus casas. Sus aljibes. La casa de César Manrique. El mercadillo de los sábados. El mercado de diario.

Y enfrente, el país de los artesanos. Una visita al zoco donde las ideas no solo salen con nombre, sino con formas preciosas con las que adornarte.

El gato lo tiene claro

El gato lo tiene claro. Y ya sabes que las rayas nunca pasan de moda.

Cruzando destinos

Cruce de caminos

El “coste de oportunidad” en Economía se refiere a lo que dejas escapar cuando eliges entre dos opciones posibles. Un cruce cualquiera.

Siempre que se elige un camino, otro queda descartado…No te agobies si eres del género indeciso. Puedes volver mañana. Quién iba a pensar que la economía nos iba a regalar metáforas.

Moisés Gutiérrez

El pueblo de Las Breñas parece salido de una postal. Allí vive este artista lanzaroteño en una casa familiar que ha ido reconstruyendo él mismo, con artesanía y paciencia. Nada en sus antecedentes familiares hacía sospechar que fuera a dedicarse al arte. Sus primeros pasos creativos consistieron en armar y desarmar cualquier cosa para observar su funcionamiento.

Moisés Gutiérrez

Entre las mil tareas por aprender en un sitio rural, tales como fabricar muros, cazar, pescar…cuenta que un día se puso a coser trajes a las muñecas de sus primas, lo cual no fue muy bien visto por su padre. Eran otras formas de mirar el mundo… Nada que el amor no pudiera superar. Al fin y al cabo, se trata de crear caminos para entenderse.

Me dice que no se considera especialmente talentoso, sino que todo es fruto de su sacrificio y responsabilidad a la hora de comprometerse con su trabajo. También al empuje de sus seres queridos, de profesores y demás, que en distintos momentos de su vida lo animaron a que siguiera, a que no se dejara llevar por el desánimo.

Taller

Empezó en la Escuela de Pancho Lasso, para pasar luego por la Facultad de Bellas Artes de La Laguna. Un tiempo en Salamanca y luego en el País Vasco, cerca de la frontera con Francia. Fue en ese momento, cuando empezó a recorrer, los fines de semana, todos los concursos de la Península y Francia, a los que se pudiera llegar en furgoneta. De esa experiencia aprendió mucho, al mezclarse con tantos artistas distintos, otras técnicas, el re descubrimiento del paisajismo (asignatura algo desdeñada en Canarias) y, sobre todo, la necesidad de trabajar deprisa…

Su obra se expone normalmente en la galería Enmala. Así como algunos compradores que contactan con él a través de su web. Suelen ser cuadros de formato pequeño, fáciles de transportar (en caso de que sea venta para extranjeros) y también los puede hacer con relativa rapidez. Son los cuadros de personas caminando por la playa y sus reflejos en la arena.

Pinturas

Actualmente, está explorando una nueva técnica, de mayor formato. Personas sumergidas en Los Charcones, con los reflejos de algas y piedras. Un retorno al líquido amniótico. Otro frente abierto también más sensual. En este momento su obra está expuesta, hasta el 14 de febrero, en la Colectiva Desconcierto, también en Enmala.

La memoria de las piedras

Petra. Si pienso en velas me acuerdo de Petra. Recuerdo tu casita de tres habitaciones que daban a un patio abierto lleno de árboles. Los dos cuartos de dormir, la cocina pintada a franjas de colores y para de contar… El baño y la luz eléctrica eran de ricos, modernidades que sólo vendrían tiempo después, mucho más tarde. Las ventanas nunca llegaron; romperían el pacto de equilibrio firmado con la cal y las piedras: yo te doy calor en invierno, fresquito en verano, tú no dejes entrar noticias del sol que me consume más rápido…

Petra

Petra, tan vieja como la ciudad, no tan perdida ya, de Jordania. Reencontrada por Indiana Jones, detrás vinieron los touroperadores. Tu piel, Petra, pergamino en el que dibujar dunas. Tu cara no era de aquí, venía de allá lejos, de entre los calores del día, del frío nocturno, del desierto. Parecías más jordana que cualquiera de los que salían en las postales de reclamo con las que atraer a barrigudos arrendadores de burros. Guía para encontrar lo que un día la arena quiso borrar de los mapas. Transformar lo pasado en leyenda. Eres la memoria de las piedras, Petra.

Tus manos tenían la temperatura perfecta para ser posadas en la cara. Eran la posada misma en la que detenerse si estabas enfermo. Te sentabas cerca de la almohada. Tu cama de madera con un leve toque de humedad, árbol que perdió su bosque en otras primaveras. Desde allí, acariciabas frentes, inventabas canciones o simplemente comentabas las fotos de los libros, de las revistas, de los chistes, que era como decías a los cómics. Las palabras eran un jeroglífico demasiado hierático como para ser descifrado. Nadie te enseñó nunca el secreto de la traducción con piedras Rosettas. Eras sabia aunque no llegarás a aprender a marcar con tu nombre la línea de la playa entre mar y arena (justo antes de que una ola venga a arrastrar todo en uno. Intuyendo que, esta vez, también tu nombre viajaría torcido, subido en una concha).

Tu cocina era el faro que siempre mantenía la luz encendida, para indicar el camino de vuelta a casa. Lugar donde encontrarse con algo que merecía la pena ser buscado. Cuando te fuiste, perdí el altar de la infancia. Deserté de la inocencia del café con leche y el pan con mantequilla; de las barajas gastadas; del bernegal en que enfriar el agua; del baúl en que encerrar colchas torcidas.Cuando dejé para siempre tu cocina, perdí la inocencia. Perdí mi Petra, la ciudad sagrada. Deserté de la niñez. Afuera, el desierto de lo desconocido, esperaba.